Friday, January 06, 2012

La vida en el tren



Últimamente he viajado mucho en tren. En España, el tren funciona de maravilla con el famoso RENFE. En México lamentablemente no tenemos esta cultura, desde épocas de Don Porfirio Díaz que no se avanza nada en esto. En fin, he viajado de Pamplona a Madrid y su respectivo regreso. Y de Pamplona a Oviedo (Asturias) con escala en León y de vuelta.

En el tren ves a la gente pensando en sus cosas, la cabeza de cada persona es un mundo. Afortunadamente somos un ser social, y basta un "buenos días", un "felices fiestas" para que empiece la conversación. Y así he conocido gente, historias conmovedoras, anécdotas entrañables, que me han arrancado muchas sonrisas amplias. De mi viaje de Madrid a Pamplona, una simple biografía de Steve Jobs por Walter Issaacson me bastó para pensar que me esperaba una buena conversación. Pero esta persona fue la que empezó hablar me pidió que le dejara mi móvil porque tenía que hablar con un viejo amigo de Pamplona. Era una persona de tez negra, de traje, evidentemente extranjero. Y desde ahí comenzó la historia, me contó su vida y sus años por Pamplona. De como su madre emigró de África y pararon en Pamplona. De como lo recibieron los pamploneses y como hacía de "Baltasar" todos los años. Y que había estudiado en Londres, donde conoció a la que ahora es su esposa. Y que venía sólo a recordar un poco de su juventud, y volver a Columbus, Ohio, donde residía actualmente. Se le veía a una persona realizada, mirada comprensiva y agradecida por aquellos héroes anónimos, esa sonrisa amable, blanca dentadura y alma; y un claro amor por su madre. Me dio su teléfono tanto de España como de Estados Unidos y me dijo que lo agregara a Facebook, que si iba a Ohio, no dudase en llamarle incluso para cuestiones de trabajo. Pensé que vale la pena arriesgar, seguir luchando y trabajar con amor y pasión como lo hacía Cheny.

En mi ida a Oviedo (la capital de Asturias), siendo un largo viaje para las distancias de España, me la pasé de maravilla. No sólo por el hecho de ir haciendo "check-in" en el Foursquare en las distintas estaciones de RENFE y por los paisajes, sino por la gente. Enfrente de mí estaba un matrimonio mayor de Sahagún (un pueblo de Castilla y León) muy majos (como dicen aquí). Hablaban de los hijos, de las fiestas, y que les hacía una ilusión enorme verlos en estas fiestas. Unos asientos atrás estaba una señora de Navarra que me decía que una de sus hijas había vivido algunos años en Guadalajara, México. Y que ahora estaba encantada con México y los mexicanos; y que sonreía cada vez que le hablaban de nuestro país. Al parar en León, mientras abrían las puertas, la señora de Navarra me presentó a su hija y a su nieta. Y ahí comenzó una gran conversación, resultó que también en verano solía ir a Manzanillo, Colima a la playa y también a Maeva. Y no dudo en invitarme a un café y decir maravillas sobre México. He de reconocer que se me inflaba el pecho. Pero bien decía Chesterton que lo único que valía la pena el orgullo era por nuestra patria porque nosotros no teníamos ningún mérito en ser de ese país. Me dijo que todo español debía de vivir un periodo en México para recuperar la alegría, la amabilidad y vivir en la realidad (esas fueron sus palabras literales).

En estos viajes prefiero platicar con las personas, que escuchar música e incluso leer o hacer "tweets". Siempre nos abren tantos mundos, y nos enseñan tanto, nos damos cuenta que el mundo no somos nosotros. El próximo domingo iré nuevamente a Madrid, y en tren. ¿Qué aventuras me esperan?

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