
Toca hablar del Principado de Asturias. De la historia de este pueblo no quiero hablar, porque la desconozco. Aunque como dicen los asturianos: "Asturias es España y el resto, tierra conquistada." Se dice que ningún moro fue capaz de conquistar tierra asturiana. Se distinguen por su carácter, dos deportistas de estas tierras son: David Villa y Fernando Alonso. En fin tampoco hablaré de éstos últimos. Hablaré de lo que yo pude ver de Asturias, su gente, y sus tradiciones.
Llegado del tren (como lo dije en la entrada pasada) fui directamente a Misa a San Juan el Real, se podría distinguir al Santo Evangelista en el fondo. Llegué fácilmente, desde salir de la estación te enamoras del pueblo de Oviedo. Pequeño, con calles pintorescas y estrechas. La estación te deja directamente en el centro de la capital del Principado. La gente amable, con distinto semblante que el navarro. Al ser Asturias, tienes que probar su sidra, la auténtica, admirar y contemplar. "Harás lo que veas..." dicen por ahí y lo apliqué. Fui con dos amigos, uno de Torreón, México y otro de Bilbao. Me sorprendió la forma de servir la sidra, y que te invitaban "amablemente" a beberla de un tirón. Y así hice, y tiempo después volvían a servirte, mismo procedimiento. La forma de "romper" la sidra es impresionante, tiempo de dedicación y un poco de agilidad es lo que se requiere. Fuimos a un restaurante llamado "Tierra Astur" donde bastó una gran Tabla de Quesos y unos cuantos cortes de carne de res para satisfacer. Unas cuantas botellas de sidra, porque el "Refill" funciona como en ningún sitio, nos arrancaron una sonrisa y una que otra poesía.
Al siguiente día fuimos a Gijón, de "pisa y corre", muy bonito, con las mismas tradiciones que en Oviedo (quizás un poco más serios). El asturiano conserva sus tradiciones, es servicial a su estilo, quizás sea de los españoles más auténticos. Su acento particular, pausado pero difícil de imitar te invita a la conversación y a la sonrisa, y quizás a mirarlos más a los ojos. Cuando me fui comprendí a Woody Allen y de como terminó enamorado de esta tierra norteña. Cuando iba en el Renfe, las montañas y sus picos nevados me invitaban a quedarme, o por lo menos a volver pronto. Asturias, no sé si te volveré a ver. Por fin te conozco, por fin te he sentido, tus verdes campos se quedarán grabados en mi memoria. Y pude afirmar con alegría que: "Asturias es España, y el resto tierra conquistada..."
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